1) Desgraciadamente, en algunos círculos la idea de ser un buen oyente se considera un estigma negativo. Se piensa que es un rasgo pasivo, que no se ajusta a nuestro mundo de frenética actividad. La falsa premisa de este tipo de actitud es la idea de que la comunicación tiene lugar solamente, a través del habla.
2) Nuestra sociedad ha ignorado virtualmente durante muchos años la necesidad de aprender a escuchar, la explosión de comunicaciones de nuestra era no ha puesto apenas atención en el desarrollo de técnicas para escuchar, y muchas de nuestras desgracias se pueden atribuir hoy en día a este descuido.
3) Por demasiado evidente, a veces olvidamos la conexión existente entre oír y escuchar, excepto en los casos en los que existe un defecto en el oído, para escuchar debemos basarnos en este sentido de la percepción.
4) Un elemento que no se debe omitir es que tal vez su disponibilidad para escuchar no sea suficiente como para convertirle en un buen interlocutor en todos los casos. Deberá guardar difíciles momentos de silencio y con esto ayudara al que habla.
5) Escuchar atentamente no es un alivio curalotodo. Sin embargo, no practicando este hábito se corre un alto riesgo de perder importantes percepciones y oportunidades en comparación con las pocas conversaciones no productivas que puedan tenerse que escuchar.
6) Las personas que demuestran mayor interés son las más interesantes, los mejores interlocutores y quienes obtienen más éxito en la vida. La gente que no sabe escuchar suele poseer un ámbito de interés limitado y, con frecuencia, recorta su desarrollo profesional y su capacidad de satisfacción personal.
7) Una ventaja de prestar atención es que ampliara indirectamente su vocabulario. Las personas de éxito emplean unas cien palabras más en su vocabulario de trabajo.
8) Las personas que saben escuchar con atención se fijan en el habla normal de un conversador, su dicción, su acento, su vestimenta, su gramática y otros rasgos característicos, pero llegan más allá con el fin de asimilar en contenido global del mensaje.
9) Quienes no saben escuchar suelen aplicar su propio esquema mental a lo que oyen, las personas que saben escuchar con atención identifican la idea del que habla y la siguen cuando toman notas o piensan en su mensaje.
10) Quienes poseen una d mala escucha prescinden de oír lo que les resulta difícil, a diferencia de las que saben escuchar que e se esfuerzan por reforzar el poder de su léxico; se plantean escuchar las discusiones y los razonamientos que puedan ampliar su vocabulario.